2 nov. 2010

Lucía.

El miércoles 27 de octubre pensaba dormir hasta tarde. A eso de las diez de la mañana sonó el teléfono: mi mamá balbuceó entre lágrimas que se había muerto Kirchner. Me despertó con esa terrible noticia y el resto del día habrá sido como el de muchos otros. De la televisión al teléfono, sumida en un inexplicable sentimiento de desconcierto y tristeza. Más tarde vino la plaza y al día siguiente, bien temprano, la cola de cuatro horas (fue haciéndose más larga pasado el mediodía), las banderas y las canciones de aliento, la tremenda desolación de ver a nuestra presidenta vestida de luto y en silencio. La impotencia y la voz interior que gritaba “No es justo”.
            Toda ésa fue una jornada de sentimientos encontrados. En medio del dolor irrumpían los abrazos y las consignas de lucha. Una señora escribía “No se hagan ilusiones: es una leona”, una madre retaba a sus hijos “¡Pórtense bien porque lo llamo a Cobos!”. Poco a poco asomaba una sensación de pertenencia, de mutua contención. Finalmente, la convicción de que estábamos en plena lucha inevitable. Miles de personas habían decidido movilizarse hasta la plaza con la intención de despedir a Néstor y para manifestar su apoyo a la presidenta. Pero de alguna manera eso actuó como una manifestación de apoyo entre nosotros mismos, un aunamiento de fuerzas, una palmadita en la espalda que te dice “Che, mirá, somos muchos”. Muchos y movilizados, asincerados con la realidad que vivimos, convencidos de que la justicia social y la igualdad están mucho más cerca de lo que creíamos, concientes de que el camino es éste y que lo estamos caminando entre todos, y ese “todos” es mucho más fuerte y militante de lo que podríamos habernos imaginado si no hubiese sido porque nos vimos las caras esa tarde del 27 de octubre.
Hasta ese momento había vivido en un sueño cómodo, desmotivado. Un sueño apesadumbrado y enceguecido por los medios, en el que ningún esfuerzo parecía suficiente para cambiar las cosas. La muerte de Néstor no sólo me despertó la mañana del 27 en la que pensaba dormir hasta tarde, me despertó de este otro sueño y con una cachetada me hizo conciente de que los esfuerzos son decididamente muchísimos, pero seguro que serán fructuosos. Somos todos los que, a través de nuestro esfuerzo y militancia, garantizaremos la continuidad del modelo de la inclusión. Hoy sabemos que somos cuantos somos, y sabemos que pasa por nosotros ser más y cada vez más justos, más luchadores, más hermanos. Hoy estoy convencida de que la lucha dará frutos y que seguiremos construyendo; caigo rendida ante la evidencia de que el cambio es posible y que, con sus falencias y desperfectos, este proyecto es la promesa de un país mejor, de un país más justo, inclusivo, transparente y cada vez más soberano.
Lamento profundamente la pérdida del líder que supo dar forma a las ilusiones de muchísimos argentinos y argentinas, pero confío en su legado. Así como sentimos miércoles y jueves que nuestro lugar era en aquella plaza colmada de gente y no en otro lado, hoy sentimos que nuestro lugar está en la construcción de éste proyecto.
Se fue un hombre común con responsabilidades enormes, es momento de asumirlas.
Eternamente, gracias Néstor.

3 comentarios:

  1. Resalto el final, con esa frase del hombre común con responsabilidades enormes.
    Gracias Néstor!
    Muy lindas tus palabras, son emotivas y sinceras y eso es imprescindible para el camino que nos queda por recorrer.

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  2. ¡¡¡¡¡YO SOY ARGENTINO, SOY SOLDADO DEL PINGÜINO!!!!!!
    Esa y un par más de canciones me hacían olvidar por un instante q Néstor había muerto. En ese momento no había tristeza, no había angustia. Había mucha fuerza, mucha esperanza en este modelo y un increíble y multitudinario apoyo a Cristina. Ahora más q nunca confío en q seremos cada vez más los militantes q luchemos por seguir profundizando este modelo de inclusión, justicia y equidad. Honrando su legado: ¡NI UN PASO ATRÁS! ¡CRISTINA CON VOS HASTA LA VICTORIA!
    ¡ETERNAMENTE GRACIAS COMPAÑERO NÉSTOR KIRCHNER!

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