31 oct. 2010

Santiago.

     Me levanté el Miércoles bien tempranito porque me había tocado ser censista, a pocas cuadras de mi casa en el barrio de Belgrano. Desayuné, me preparé una viandita para llevarme (iba a estar todo cerrado) y me fui al Colegio donde tenía que encontrarme con mi Jefa de Radio, que me iba a dar todos los materiales para el censo. Hasta ese momento venía todo bien, además el hecho de ser censista me agradaba y estaba con todas las pilas para hacer bien mi trabajo y "comprometerme con la patria", aunque sea una boludez.
      Arranqué a censar y con la primer persona entrevistada ya empezamos mal: era un viejo renegado de 72 años que se iba por las ramas y me hablaba de los "planes trabajar", que en este país eran "todos vagos", y de la falta y necesidad de "un buen servicio militar". Igualmente, y a pesar de todo, yo estaba de buen humor y lo único que quería terminar mi trabajo e irme a aprovechar el día. De ninguna manera iba a perder el tiempo discutiendo con este dinosaurio. Dos minutos después, cuando estaba por censar a otra persona en el hall del edificio, mi amigo el portero (sí, los poretros me ayudaron banda y pegamos mucha onda) me trajo la peor noticia. Al principio me costaba creerlo. Me invadió una extraña sensación dificil de explicar con palabras, como un frío que recorría mis venas. En fin, eran sentimientos con mayúscula, y era la primera vez en mi vida que los tenía por "un político".
     Pero eso no fue todo, a medida que iba pasando el tiempo y reflexionaba en qué zona estaba censando la angustia crecía. Entre la gente había indiferencia en algunos, otros estaban contentos, pero lo disimulaban, y otros ni siquiera se tomaron el trabajo. Bocinazos, bombas de estruendo y frases como "qué lástima que está todo cerrado, quería comprar un champagne para festejar" tuve la desgracia de tener que soportar. Conclusión: gente de mierda hay en todos lados y de todos los colores, pero oligarcas no. La oligarquía y la clase media boba estaban contentas, y eso, para los que aspiramos a un país diferente, es una señal indirecta.
      Al día siguiente fui a la plaza. Fui bastante tarde, a eso de las 23:00, y pensé que no iba a haber mucha gente ya, pero la cola era infinita. Ese millar de personas que hacía fila para entrar a la Rosada, en realidad hacía fila para entrar a un velorio. Por supuesto que la tristeza y el dolor que se respira en ese tipo de actos existía, pero también se respiraba esperanza, se sentía el compromiso y el apoyo a Cristina. Había felicidad en la plaza, de muchos jóvenes y familias que les habían robado la ilusión de que las cosas se podían cambiar y ahora la habían recuperado.
     De mi parte, no me queda más que pedirle perdón a Néstor Kirchner por todos los años que desconfié de él y de su gente. Hoy el kirchnerismo pasó a ser un movimiento que trasciende la figura de Néstor, y este "modelo" le abre las puertas a la juventud y de nosotros depende la continuidad del mismo. Dejando de lado la tristeza y el dolor que se siente, su muerte nos inspira a apoyar a Cristina más que nunca, porque nos dejó en claro a todos que es posible un país justo, soberano e independiente. VIVA NESTOR, VIVA CRISTINA, VIVA LA PATRIA.

1 comentario:

  1. "...eran sentimientos con mayúscula, y era la primera vez en mi vida que los tenía por "un político"..."
    Rescato mucho esto. Creo que expresaste una idea que, quizás sea sencilla de pensarla, pero al menos a mí me costaba condensarla. Sentimiento por "un político", esa mala persona que pasó a ser tal con la herencia del neoliberalismo.
    Crece el compromiso y a bancar a Cristina con toda la garra!

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