20 sept. 2010

En medio de los festejos patrios chilenos, el Toqui se revuelca en su tumba

En Memoria de la Rebeldía...
En el siglo XVI, nuestra tierra Sudamericana vio nacer el emblema de rebeldía más legendario entre los originarios mapuches. Lautaro (Lev-traru, "ave rapaz veloz", según la lengua nativa) fue un araucano que, al igual que tantos otros, fue capturado de niño por las tropas conquistadoras y utilizado como sirviente y mano de obra esclava. Véase su prometedor destino que lo convirtió, nada más y nada menos, que en servidor del mismísimo Pedro de Valdivia, aquel militar español que fue leal a Pizarro en Perú y luego del servicio, antes de llegar a las tierras de Chile, fue reconocido con el otorgamiento de minas del Cerro Rico de Potosí. Pero volviendo al relato principal, Lautaro, escurridizo, hábil e ingenioso, luego de haber aprendido mucho sobre las tácticas de guerra de los conquistadores, escapó del cautiverio para volver a con su pueblo. Se convirtió en un gran líder y fue el más brillante militar aborigen que haya conocido la historia mapuche. Su impronta fue el sello de la resistencia araucana y es por eso que la memoria lo recuerda como el gran Toqui Lautaro (Toqui quiere decir jefe o lider militar). Tan popular es su leyenda por la paradoja que le deparó aquel destino del que hablábamos más arriba: fue el verdugo de su victimario. En la Batalla de Tucapel, una de las más recordadas por la historia, fue donde Lautaro, junto a su Ejército Mapuche, emboscó a los hombres de Pedro de Valdivia, con él al mando, y donde, en vísperas de navidad, dio fin a la vida del conquistador, llenando de esperanza el sueño de autonomía y libertad de los mapuches. Es así como el mismo Lautaro, años y siglos más tarde, regaló su nombre y ejemplo a los próceres -la Logia Lautaro, comandada por Simón Bolívar, Francisco de Miranda y José de San Martín- por los que hoy, 200 años después, brindamos y celebramos en Lationamérica y, en particular, en el día de la fecha, en la República de Chile, donde festejan su independencia del yugo español.


En un relato del presente...
Con el país hermano trasandino compartimos, no sólo el gusto por el buen vino, el Nahuel Huapi y al loco Bielsa, sino también grandes culturas originarias que habitan estas tierras mucho antes que nosotros, los blancos del Viejo Mundo, y que hoy están en pie de lucha por su autonomía como nación y comunidad. Los 34 mapuches chilenos apresados bajo la norma de la Ley Antiterrorista que rige en el país vecino, llegan hoy, 19 de septiembre de 2010, al día 69 de la huelga de hambre que han iniciado en busca de una respuesta  -o varias, mejor dicho- a sus reclamos. Más de uno dirá "¿Ley antiterrorista? ¿Es posible que un país que haya sido víctima del terrorismo de Estado siga avalando legislaciones como ésta?". Sí, así es como funciona la legislación chilena ante la comunidad aborigen más emblemática del sur americano. Los Mapuches habitan desde hace siglos las extensiones australes de la  región que, en la actualidad, expresa la mayor desigualdad social respecto al resto del país chileno. El sur chileno es una muestra de la exclusión y el maltrato que el Estado supone para con las comunidades originarias. Digo, los gobiernos democráticos que se han sucedido desde el fin de la dictadura en 1990 han hecho uso del Código de Justicia Militar y han aplicado la Ley Antiterrorista, en el marco del funesto "Plan de Pacificación de la Araucaria", para acallar la voz de los araucanos. En función de esta política, los acusados pueden llegar a estar hasta dos años presos preventiva ente, sin que sus abogados tengan acceso a los testimonios por los cuales son acusados y apresados. 
Es notable la resistencia y persistencia de los hermanos mapuches que siguen en la lucha por el reclamo de su autonomía y la restitución de sus tierras, de las cuales fueron despojados, por la violencia y el desamparo del Estado. Es hora de que el gobierno chileno se haga cargo de su propia desidia y afronte la situación buscando un desenlace justo. Y los mapuches van camino a eso. Han puesto en jaque al presidente de Lan -y de Chile también, claro-, Sebastián Piñera, quien se vio obligado a buscar una instancia de mediación, frente al auge de la memoria y las reivindicaciones que suscitan los festejos patrios -18 de septiembre, bicentenario de la Independencia de la República de Chile- y, también, la mala prensa que puede golpearlo en medio de tanto discurso y palabrerías independentistas. Hizo falta, además, que los presidentes Evo Morales Ayma y Fernando Lugo se posicionaran en favor de la resolución del conflicto por la legitimidad del reclamo para que más de un funcionario se diera cuenta de que estaban excedidos con sus oídos sordos.
El presidente Piñera, no obstante, señaló como "ilegítima" la medida iniciada el 12 de julio por los mapuches apresados en las unidades penitenciarias de Angol, Concepción, Lebu, Temuco y Valdivia. ¿Quién más adecuado para dar semejante testimonio que uno de los tantos empresarios chilenos que multiplicó su patrimonio a costas de la dictadura pinochetista y las políticas neoliberales que robaron las tierras de la Araucanía?
El conflicto mapuche no sólo genera dolores de cabeza dentro de las filas del conservadurismo chileno sino que también ha dividido aguas dentro de la propia Concertación -que de concertar le queda poco-  que tampoco ha sabido dar respuestas ni soluciones cuando le tocó el bastón de mando.
En medio del vino, las empanadas, las banderas azules, blancas y rojas, Galvarino Apablaza Guerra -ex guerrillero chileno del Frente Patriótico Manuel Rodríguez que hoy despierta codazos diplomáticos-, y los mineros sepultados bajo la tierra, esperamos que el mandatario chileno Piñera tenga la dignidad de, en principio, derogar todas estas leyes discriminatorias y repugnantes que marginan a los hermanos mapuches y, además, de dar una respuesta satisfactoria a sus reclamos, respetando su derecho originario, y les restituya su tierra, su amada Araucaria.        



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